"Las palabras se las lleva el viento..."

sábado, 10 de junio de 2017

Basura estelar.

Existen estrellas a las que quitaron la luz, a las que arrojaron sin brillo a la oscura inmensidad del universo.

Algunas viajan buscando el modo de volver a brillar, y cada vez más fuerte.

Otras se quedan estancadas y se convierten en agujeros negros, los cuales solo brillan por otras estrellas a las que logran engullir.

Las unas son vistas como estúpidas por las otras y viceversa. Están destinadas a odiarse pese a tener el mismo origen.

Hubo dos que se hicieron compañía al coincidir. Las dos empezaban a brillar y se creyeron iguales.
Se apoyaron, se divirtieron, se animaron.

La estrella viajera empezó a brillar más y a creer en su soñador discurso. El agujero negro empezó a oscurecerse a su lado pues no conseguía el mismo brillo que ella.

Así que un día intentó comérsela.

La experiencia salvó a la estrella quién descubrió, con horror, la verdadera naturaleza de su compañera. Y, aunque se apagó un poco, pronto empezó a recuperar su luz a la par que se alejaba del agujero negro, quien seguía absorbiendo todo astro débil que se le ponía a su paso.

Éste siempre culpó a la estrella, así como hacía con todo el universo, de lo que era, sin ver que él era el primer culpable de ser así.

Y si este cuento hubiera acabado contaría con moraleja, pero no es así.

La estrella viajera contaba con acompañante: un deslumbrante meteoro. 

El meteoro conoció al agujero negro como estrella.

El agujero negro vio su brillo y sonrió.




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