"Las palabras se las lleva el viento..."

domingo, 25 de septiembre de 2016

El manantial secreto.

¿Qué color va a tener lo que saldrá de esto?
No sé que luz tengo hoy, solo sé que quiero escribir.

Hay un manantial, pequeño, en una humilde montaña. Si te digo que es secreto dirán que miento porque la gente lo ve desde el camino, desde el sencillo puente de madera, a través del refrescante verde de las hojas. 

Aún así, ¿me crees? ¿podrías intentar oírlo con mis ojos?

Es secreto porque ninguno de los viajeros se preguntó cómo sonarían las gotas al lanzarse a su superficie. Ni como olería el nacimiento de un fino hilo de agua que acabaría siendo río. ¿No resulta increíble?

No es difícil llegar a él, no está lejos y no cuesta dinero. Mucha gente cruza el puente y anda con decisión por el camino. Algunos llevan cámaras, otros comida, e incluso unos pocos su corazón.

Pero todos pasan de largo sin plantearse siquiera acercase para hundir los dedos en sus cristalinas aguas y comprobar su frescura.

Llegados a este punto te preguntarás qué tipo de problema tiene esa gente, seguro de que tú serías la excepción y sí que irías, aunque fuera por curiosidad, a echarle un vistazo. ¿Quién en su sano juicio tiene tan cerca un manantial y no le presta atención?

Nadie. Tampoco ellos.

Hay un manantial, pequeño, en una humilde montaña, pero no es el único. Hay más, muchos más. Manantiales enormes, otros rodeados de flores embriagadoras de vivos colores, otros que dibujan curiosos trazos en la tierra, otros con rocas para tumbarse, y otros que parecen directamente pintados.

Todos acuden a esa montaña a admirarlos, a hacerles fotos, a tumbarse con ellos o pasar el día para crear un recuerdo inolvidable. Todos sienten que están en presencia de la representación misma de la belleza.

A excepción de uno. El menos exuberante. El pequeño manantial con sus aguas vivas y su vegetación salvaje que no parece estar a la altura de las cámaras de los visitantes.

Y ninguno de los que a estas alturas se siguen viendo como la excepción reparó en su presencia. Ni el más escéptico, ni el más artístico, ni el más natural, ni el más solitario, ni el más guerrero, ni el más radical, ni el más original, ni el más rebelde, ni el que estaba sin más.

¿Me crees ahora cuando te digo que hay un manantial secreto?


Cuidado, si las flores atrapan tus sentidos no podrás ser acariciado por la hierba. 




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