"Las palabras se las lleva el viento..."

domingo, 1 de febrero de 2015

La incomprensión de las lunas II

Y puede estar la luna sola, perfectamente, a diferencia de los demás astros. Pues ya se ahogó en la oscuridad llenando el vacio con su grandeza.

Llegará el sol, igual de grande, bien parecidos, y ambos se verán semejantes y bailarán unidos. La luna, pura en su confianza, olvidando los agujeros de su piel por ilusiones previas, verá a éste acercarse lentamente pero con gran intención. Se sumergerá en el abismos sonriendo, pobre, sin ver cómo se le arremolinan las nubes y la arrojan al olvido.

Las nubes... de apariencia tan sólida pero mera superficie. Tan bellas y tan terriblemente simples. Todos las quieren, engañados, buscando a la luna pero con apariencia liviana. Todos, hasta el sol, caen en su engaño y ni cuando se pierden abrazando la nada lo entienden. Su luna invisble es testigo directo, y creyéndose neblina, vuelve a su oscuro manto reprochándose su estupidez. 

Ni el sol, ni las nubes se dan cuenta de su maldición, pues como recordábamos antes nadie reconoce a las lunas y ni ellas saben que lo son. De todas solo una o dos estrellas son testigos de la situación, y maldicen la crueldad del universo sin poder entrar en acción.

Pero la luna, por ser luna, seguirá alzándose en lo alto del cielo, seguirá menguando pero seguirá creciendo. Pues ni el sol ni las nubes pueden enterrar su espíritu indomable.

Pobre de la luna, pero también pobre sol. Destinado a vivir eternamente nublado o conseguir despejar la visión, reconocer a la luna por fin, y darse cuenta de que esta demasiado alta para que le llegue su canción.

... Aquella que empezaron a entonar juntos y que nunca se completó...

Y por eso es tan difícil que ocurra un ecplise pero también por eso es tan especial. Pues el sol reacciona a tiempo y al encuentro imposible de la luna se lanza. Y es tal su ímpetu y de ella su amor, que la maldición se rompe y ambos astros se abrazan con desesperación. Todo el mundo alza pues la mirada aun con la amenaza del universo, el cuál no se esperaba algo tan intenso y se pregunta anonadado cómo rompieron sus hilos.

Hilos que asfixian a la luna que es la única que los siente.