"Las palabras se las lleva el viento..."

lunes, 6 de marzo de 2017

Agua y aceite en las venas.

Tengo tinta negra invadiendo mi cuerpo,
que quiere obligarme a tatuarme cada momento...
y cada persona.

Tengo tinta blanca ahogándome,
que busca sepultar cada trazo dolorido...
de cada momento y cada persona.

Ya no puedo aceptar a cualquiera en mi cuerpo.

Tampoco entiendo el borrarse lo vivido.



La canción de los gorriones.












Un día cualquiera se empezó a formar una bandada de gorriones.

Una bandada de gorriones en las que había un cuervo.

El cuervo, desde el principio, se llamó cuervo.
Los pequeños gorriones le querían gorrión.

Oh cuervo, maldito cuervo que no tienes corazón.
Oh cuervo, cruel cuervo, deberías ser gorrión.

El cuervo volaba con los gorriones, tal como debe ser.
Luego el cuervo buscaba a otros cuervos 
y también volaba con ellos.

¿Cómo puede? ¿Cómo puede?

Odioso y egoísta cuervo al que no le basta con su hueco 
entre los generosos gorriones.

Oh cuervo, maldito cuervo que no tienes corazón.
Oh cuervo, cruel cuervo, y pobre gorrión.

Les enseñaron a trinar y todos trinaron, el cuervo graznó.
Los gorriones de él se rieron pues horrible sonó.
Todo era normal hasta que el cuervo, 
el vanidoso cuervo, aprendió a trinar. 
Ahora trina y grazna, ya nadie se fijará en el gorrión
 porque él destaca en la canción.

Oh cuervo, maldito cuervo que no tienes corazón.
Oh cuervo, cruel cuervo, lo que aguanta el gorrión.

Llegaron más pájaros y se formó otra bandada,
unidos, extasiaron al bosque con su llegada.
Los astutos gorriones temieron perder su espacio
 y quisieron atacarles.
Pero el estúpido cuervo se mostró reacio 
y prefirió hablarles.

¿Es estúpido? ¡Es estúpido!

Menos ramas y menos comida para los gorriones,
quienes tendrán que robarles 
porque el idiota del cuerpo decidió compartir el nido.

Oh cuervo, maldito cuervo que no tienes corazón.
Oh cuervo, cruel cuervo, traicionaste al gorrión.

Las aves rapaces que controlan desde las alturas
al principio defendían a los gorriones.
Pero al llegar los otros, los gorrones,
las condiciones se tornaron más duras.

Los inteligentes cuervos bajaron las expectativas y ahorraron esfuerzo.

¿Y el cuervo? El cretino cuervo dijo: "¡Mi ambición no tuerzo!"
Sin escuchar las apelativas. 
Y al final más alimento obtuvo que el resto.

Oh cuervo, maldito cuervo que no tienes corazón.
Oh cuervo, cruel cuervo, te picará el gorrión.

Dejaron solo al cuervo los sabios gorriones,
para que aprendiera la lección.
Y las aves rapaces parecieron sumarse a esta acción.
Pero el que es tonto siempre lo será, pues no terció su espíritu,
pese a que la soledad le arrancó bastantes lagrimones.

¡Que no puedes! ¡Que no puedes!

¡Entiende de una vez que no puedes ser tú!

Oh cuervo, maldito cuervo que no tienes corazón.
Oh cuervo, cruel cuervo, te matará el gorrión.





jueves, 9 de febrero de 2017

La última resta.

Le han robado demasiada luz a la luna.
Le han quitado demasiados pétalos a la flor.
Han violado los nuevos versos de Poesía.
Aparecieron muchos monstruos tras las máscaras.

Había una,
encarcelada en dolor,
por la que pedí pleitesía
para salvar sus cáscaras.

Siempre alargando la mano
para rescatar a la princesa,
siempre batallando
al presentarse el deber ante uno.

Nunca se recibió ni mísero ramo,
ni importó si la guerrera también se veí presa.
Ni una misma se preocupó al encontrarse llorando
puesto que no era oportuno.

A la una intenté lucharla,
incluso a las otras ayudé.
Me olvidé de mi,
y ellas también.

A la una, repetidas veces, logré alzarla,
Frente a las otras mis ríos anudé,
No bastó, ocurrió lo que temí.
Fui estúpida al pedir que los hipócritas cambien.

En la afrenta tres fuimos,
tres unidas conta la injusticia.
La una se fue con segunda.
Y estaba sola.

Les pregunté, pisoteada, y solo dijeron "huimos".
Ni pensaron que me dejaban sola contra Malicia.
Ellos me encontraron, rota e inmunda,
Casi ahogada por tragar mierda de tamaña negra ola.

Y una, en este punto,
no me negarás mi apoyo
incluso tras la experiencia.
Pero sigue sin bastarte.

Sigo oyendo de otros los asuntos.
Sigue sin importar que solo yo caiga al hoyo.
Y encima, a los salvadores de mi vivencia,
querrás además que de su lado me aparte.

Una, ¿yo que soy en tu vida?
Amiga me creía
pero la amistad no es así.
No debería doler tanto.

Veo incrédula como vuelves con el origen de tu huida.
Recordando tu promesa de que así no sería.
Ese mar oscuro sigue amenazándome con frenesí
cada vez más ansioso por obtener mi llanto.

Sé que no intentarás ayudarme
tal y como yo hice tantas veces.
Solo ellos me quedan.
Solo ellos me quieren.

Así que, querida una, no te atrevas a mirarme.
Si quieres que vuelva, como siempre, mas vale que reces.
Estoy cansada de lo que las otras enredan.
Ellos, a diferencia de las otras, no son de los que hieren.

Brillará la luna,
aplaudirán a la flor sin pétalos,
los versos sonarán fuertes
y las máscaras se romperán.

Adiós querida una, ya no puedo ser más cero habiendo luchacho por tres.




sábado, 17 de diciembre de 2016

Las 4 estaciones.

Este año me tocó conocer a las estaciones. Vinieron en un orden atípico, y disfrazados. Solo ahora que las vi a todas, solo ahora que acaba el año, las he reconocido.

Primero fue el verano, cuyo sol llevaba brillando desde hacía tiempo, y por eso, su calor me estaba ahogando. Me iluminó mientras destruía poco a poco todo, secando lo que planté con su brillo. Y aunque mil noches le pedí al cielo que lloviera y terminara esta estación, fue extraño cuando finalmente ocurrió y vi como sus rayos menguaban, su temperatura se escurría entre mis dedos y mi piel, ya áspera, olvidaba sus caricias y cicatrices, como tal desierto eterno y profundo desaparecía en un agujero de arena que se colaba hacia la parte de abajo del reloj, estando en la de arriba.

Y en ese momento de alegre blanco, de reencontrarse en la pausa, me topé con los ojos azulados de la primavera. No se equivocaba el refranero pues, sin pretenderlo ninguno, la sangre alteró. La primavera brotó rápido, fue la más intensa y la que antes se desvaneció. Fue todo verde, azul, amarillo y naranja, fue frío y calor disparados, fue una bandada de pájaros, fue un concierto larguísimamente corto, fue un viaje inesperado, fue vivir el cuento... pero no el cuento que yo creía, ese no tocaba este año, así que también fue una excursión cancelada por lluvia, fue un puzzle al que le faltan piezas, fue un raspón en la rodilla, fue también negro y gris. Y, aunque este final sí dolió, siempre le estaré agradecida a la primavera y siempre la recordaré con una sonrisa.

La siguiente pausa fue muy larga y conforme más tiempo pasaba más desesperada me sentía por encontrar a la siguiente. Buscaba en todos los ojos rastros del otoño o el invierno, sospechando de cualquiera. No sabía entonces que el invierno es un maestro del disfraz y que al otoño le gusta aparecer y desaparecer, para que ni le olvides ni le des importancia, para alimentar la duda y no termines de saber si es él.

Por eso, al que primero vi fue al otoño, pero al que primero reconocí fue al invierno, ¡y menuda sorpresa! ¿Cómo pudo haber estado todo este tiempo delante mía sin que me diera cuenta? Y ahora que empiezo a descubrirle no puedo estar más intrigada. El invierno es el recuerdo de algo que nunca ha sido ni será, pero que ahí está, como si le hubiera conocido en otra vida y nuestras energías se reconocen. Sigo perpleja ante el hecho de haber tenido tamaña estación todo el tiempo ante mis ojos y sin que estos lo vieran, sigo sin saber qué es lo que veo, sigo sin saber cómo puedo desear contemplar cada copo de nieve sin sentir la necesidad de permanecer en su escenario. Es ilógicamente cómodo. Y nuevo, por lo que esconde una llave que todavía no tengo.

Todavía no entiendo muy bien al invierno y encima el otoño me juega a las escondidas. Creo haberle encontrado y desaparece, me olvido de él y ¡oh! ¡Es él! Pero ya no, ya se fue, y el maldito consigue dejarme con la duda siempre. Hoy he estado más cerca de cazarle, de conseguir saber si es él o me ha engañado con sus tonos pardos, sus vientos veletas y su lluvia de hojas marrones y doradas. Es la estación a la que menos conozco, puede que incluso la única en la que me equivoque, pero su descubrimiento me reveló todos los demás y sus apariciones son demasiado oportunas para darle el mérito a Casualidad. Y ya que el verano me dio valentía y fuerza, la primavera esperanza e ilusión, el invierno empieza a darme seguridad y siendo el único que me queda no es nada... ¡prepárate otoño que si puedes ser algo te atraparé!

Este año me tocó conocer a las estaciones, y aparte de aprender de cada una, descubrí algo más interesante...

Que yo puedo ser todas ellas.





jueves, 10 de noviembre de 2016

El mundo se fue a la mierda y se llevó las máscaras


Te despiertas y de repente el mundo no es igual. 

Lo imposible ha pasado, la gente no ha pensado y entre todos nos entierran.

Tu otro mundo, el más pequeño y cercano, parece el mismo pero ya no lo es. El desconcierto antecede al caos, el odio brota sorprendiendo a todos y desenmascara a los mentirosos, a los que callaban.

La envidia ha ganado, y las que antes alababan nos han apuñalado. 

Todas las cartas sobre la mesa. Sorprende lo que los celos enrevesan. Y lo que se vendía como una familia en dos bandos se separa y la guerra prepara ¿entrenando lo que nos espera?

Que asco de mundo y que asco de personas.

De todas formas, aunque las falsas se hayan unido, nos hayan sorprendido y en la primera batalla vencido... Han perdido. Han perdido las ayudas de las que más podrían enseñarles, han perdido el apoyo de las que más podían motivarles y ayudarles, han perdido la confianza de las que más éxito podía compartirles... Y más allá de eso, han perdido la credibilidad, se han mostrado como son no solo ante nosotras sino ante todos los demás, han perdido el respeto, han perdido oportunidades... Y todavía más han perdido a gente que las quería como nunca han querido ellas.

Y por intentar marginarnos se han marginado ellas. Así como los países se marginan ahora.

Viva la apología del odio y del egoísmo.

Ahora mismo lo único que me importa es que no me quiten nada más. Si llegaran a quitarme uno de mis tesoros no se lo perdonaría nunca. 

Nunca.



jueves, 20 de octubre de 2016

Me quedé con tu personaje.

Hoy prefiero soñar despierta con un personaje, que no es de libro ni de cortometraje, sino que de la realidad me lo traje.

Es más cómodo suspirar por alguien a quien si vas a ver, será a largo plazo y de casualidad, y que por ser, seguramente sea con otra personalidad.

Apenas tres o cuatro frases compartimos, y sí, nos vimos, ¿te sorprendí como tú a mí? Seguramente sí, y al terminar nos fuimos. No tengo ni idea de cómo eres, de cuantos años tienes, ni de si tu nombre lo es realmente, y más importante, no sé si te gusta el café, si tú también sueñas despierto, si bailarías bajo la lluvia o en qué decides invertir el tiempo.

Sin embargo, lo poco que sé te convirtió en mi nueva escapada, porque te vi bailando con diábolos y me dejaste embobada, porque me pareciste tan adorable que tu sonrisa me daba ganas de abrazarte y cuidarte y solo podía sonreír también, pero con menos arte, porque tu imagen se me hizo imborrable (y eso que, me vas a perdonar, no eres un David de Miguel Ángel aunque sonrías como uno). 

Verte fue quizá, más que especial, oportuno.

No creo que volvamos a vernos en breves, tampoco que dándose el caso hablemos muchas veces.Y saberlo no me decepciona porque no eres tú sino tu personaje quien me emociona.

Solo quería no comentarte que es divertido encontrarte y descubrir cosas en común que te harían reír.

Y que no sepas que fuiste elegido, para en mi fantasía vivir, mientras mantengo al amor distraído.





domingo, 25 de septiembre de 2016

El manantial secreto.

¿Qué color va a tener lo que saldrá de esto?
No sé que luz tengo hoy, solo sé que quiero escribir.

Hay un manantial, pequeño, en una humilde montaña. Si te digo que es secreto dirán que miento porque la gente lo ve desde el camino, desde el sencillo puente de madera, a través del refrescante verde de las hojas. 

Aún así, ¿me crees? ¿podrías intentar oírlo con mis ojos?

Es secreto porque ninguno de los viajeros se preguntó cómo sonarían las gotas al lanzarse a su superficie. Ni como olería el nacimiento de un fino hilo de agua que acabaría siendo río. ¿No resulta increíble?

No es difícil llegar a él, no está lejos y no cuesta dinero. Mucha gente cruza el puente y anda con decisión por el camino. Algunos llevan cámaras, otros comida, e incluso unos pocos su corazón.

Pero todos pasan de largo sin plantearse siquiera acercase para hundir los dedos en sus cristalinas aguas y comprobar su frescura.

Llegados a este punto te preguntarás qué tipo de problema tiene esa gente, seguro de que tú serías la excepción y sí que irías, aunque fuera por curiosidad, a echarle un vistazo. ¿Quién en su sano juicio tiene tan cerca un manantial y no le presta atención?

Nadie. Tampoco ellos.

Hay un manantial, pequeño, en una humilde montaña, pero no es el único. Hay más, muchos más. Manantiales enormes, otros rodeados de flores embriagadoras de vivos colores, otros que dibujan curiosos trazos en la tierra, otros con rocas para tumbarse, y otros que parecen directamente pintados.

Todos acuden a esa montaña a admirarlos, a hacerles fotos, a tumbarse con ellos o pasar el día para crear un recuerdo inolvidable. Todos sienten que están en presencia de la representación misma de la belleza.

A excepción de uno. El menos exuberante. El pequeño manantial con sus aguas vivas y su vegetación salvaje que no parece estar a la altura de las cámaras de los visitantes.

Y ninguno de los que a estas alturas se siguen viendo como la excepción reparó en su presencia. Ni el más escéptico, ni el más artístico, ni el más natural, ni el más solitario, ni el más guerrero, ni el más radical, ni el más original, ni el más rebelde, ni el que estaba sin más.

¿Me crees ahora cuando te digo que hay un manantial secreto?


Cuidado, si las flores atrapan tus sentidos no podrás ser acariciado por la hierba.